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sábado, 10 de julio de 2010

España, la sentencia del Tribunal Constitucional y UPyD.


Me voy a permitir un pequeño apunte personal. Me han comentado algunos compañeros que hace tiempo que no escribo ninguna entrada en el blog, lo cual me llena de satisfacción porque me consta que alguno que otro me sigue. ¿El motivo? He cambiado de domicilio y estoy sin conexión a Internet a pesar de que el proveedor con quien la contraté (ya.com) me aseguró que antes de un mes la tendría disponible, de eso hace –evidentemente- más de un mes y sí puedo enviar esta entrada, es gracias a la inestimable colaboración de un anónimo vecino que tiene su red Wifi abierta.

Pero a pesar de estas vicisitudes personales y tecnológicas creo que lo que está ocurriendo en relación al Tribunal Constitucional, el Estatuto y la propia esencia del Estado de Derecho, bien merece un esfuerzo por mi parte para intentar trasladar al éter digital cual es mi opinión.

Hoy UPyD ha realizado un acto –a pesar del calor- frente al Tribunal Constitucional, en el que Rosa Díez ha leído un manifiesto que recojo al final. Pero me gustaría dar mi opinión personal respecto a lo que está ocurriendo y que sinceramente me preocupa.

No pretendo escribir una entrada “políticamente correcta”, No. Simplemente quiero hablar de mis percepciones –este es un blog personal- y plasmar lo que me sale de las entrañas cada vez que pienso a donde nos quieren llevar algunos personajes –y personajillos- que únicamente contemplan este País desde una óptica interesada, surja está de unos motivos meramente económicos o nazca de que ven a los ciudadanos de este País como un mero número en las estadísticas, que luego se traducirá en votos, votos que les permitirán continuar disfrutando de unos cargos, que no son suyos sino de quienes les han elegido, pero que parecen detentar con una alegría más propia de una prerrogativa personal. Este País es –afortunadamente- algo más de lo que ellos creen vislumbrar desde detrás de las bonitas mesas de sus enmoquetados despachos.

Hablando del Estatuto, se supone que el cumplimiento de una sentencia judicial es necesario –hay que acatarla- porque ese cumplimento es la esencia de la Ley y el fundamento de la confianza del ciudadano en la Ley, que afecta a todos. Creo recordar que afortunadamente vivimos en un Estado de Derecho, en el que hay que cumplir –insisto- las sentencias judiciales, nos gusten o no, salgamos beneficiados de ellas o salgamos perjudicados, porque en un Estado de Derecho se entiende que el bien de la mayoría es el que prima, sobre los intereses de las minorías y que además una sentencia, desde el mismo momento que es firme, es conforme tanto al espíritu, como a la letra de la Ley.

Esta confianza en las instituciones judiciales es la que garantiza para todos los ciudadanos -lo que no es poco- sus libertades básicas, así como su igualdad ante las leyes desarrollada en el seno de un Estado de Derecho.

Existieron tiempos aciagos en los que en España, simplemente con el “perdón del ofendido” se paralizaba la acción de la Justicia, lo que habitualmente, se conseguía con dinero. Cambiar eso ha costado la sangre y la libertad de muchos, se ha tenido que sufrir una dictadura en la que algunos individuos disponían de una “patente de corso” y aparecían –como partidarios del Régimen- como “intocables” y por encima de toda sospecha. Gracias al Imperio de la Ley hemos pasado a una situación de libertad constitucional y civil en la que cualquier ciudadano –si cree que se han conculcado sus derechos- puede recurrir a la Ley, que es –o debería- ser igual para todos.

 Estamos hablando de una ley –cuyo marco es la Constitución- que defiende al ciudadano de lo que no es justo y que se garantiza su amparo. Una Ley –que no dejan de ser más que unas normas de convivencia- y un sistema judicial que ahora después de que finalmente se ha dictado una esperada sentencia respecto al Estatuto, es interpretada a la medida de los intereses de algunos y entonces, al ser contraria a los intereses de esos pocos, parece que ya no sirve.

 ¿Y cual es la piedra angular de toda esta arquitectura legal, que si bien necesita reformas, aún es lo suficientemente confortable como para dar cabida a todos? Indudablemente, la Constitución. Una Constitución -que hasta su secuestro por parte de algunos- ha sido el marco en el que se han desarrollado nuestras libertades y nuestros derechos como ciudadanos. Y en el aspecto más negativo, las prebendas de algunos que han sido elegidos gracias a esa misma Constitución de la que ahora -con una estrechez de miras manifiesta- parecen abominar.

La Ley, está para cumplirla, puesto que estamos en un Estado de Derecho. ¿Qué nos queda si no? La Ley del más fuerte, la de Lynch, la anarquía…

Vamos a dejarnos de intereses particulares e ir a lo realmente importante: Intentar solucionar los problemas de los ciudadanos y de este País –que a pesar del “Mundo Perfecto” en el que parecen vivir tanto Zapatero, como sus adláteres- los tiene y que no son –ni mucho menos- los que algunos se esfuerzan en “diseñar” desde sus despachos, siempre con la vista puesta en qué les puede beneficiar personalmente.

¿Qué alguien quiere hablar catalán? Que lo hable. Pero también yo tengo derecho a hablar –en la administración autonómica y en cualquier otra parte- español y que me atiendan y me entiendan. Y tengo derecho –también- a esperar que la educación de mi hijo se imparta en una lengua que hablan quinientos millones de personas a lo largo y ancho de este mundo, y no solamente en la que hablan únicamente unos pocos que me merecen todos los respetos, pero que no dejan de ser unos pocos. Y tengo derecho a tener el mismo nivel de atención y derechos –sean del tipo que sean- viva en un rincón y otro de la geografía de nuestra piel de toro.

Se puede intentar manipular la realidad y la verdad, pero siguiendo este axioma que algunos parecen propugnar –y organizan hasta manifestaciones para “legitimarlo”- me permito realizar una serie de elucubraciones:

  • En el caso de que en alguna ocasión cometa un delito, en el momento en que el tribunal dicte sentencia, me iré de la sala en el caso de que no me interese, porque claro esta que yo, como parte interesada, no tengo que darle ninguna legalidad a una sentencia en mi contra.
  • Si se me multa por alguna infracción de tráfico, organizaré una manifestación –cuanto más multitudinaria mejor- frente al órgano administrativo que proceda, porque evidentemente –por mucho que el acto que he cometido esté tipificado como falta o delito- a mi no me afecta, tanto en cuanto está –presuntamente- en contra de mis “intereses históricos”, como “nación” o simplemente, como… como algo que ahora no soy capaz de definir.
  •  Cerremos las cárceles ¿Porqué va a tener más validez la sentencia condenatoria a un delincuente que la que afecta al Estatuto?
Y así podría continuar hasta el infinito desgranando sinrazones. Pero para que quede meridianamente clara mi postura os comunico que yo también voy a declarar independiente mi persona y consecuentemente mi casa (de hecho ya estoy diseñando el pasaporte que se necesitará para entrar en ella). Me niego a pagar los impuestos que me correspondan a la Administración Central. Pero si quiero que las arcas públicas –de esa misma Administración Central a la que no reconozco, o cuando menos me incomoda- me financien mis estudios sobre el pasado lejano, el inmediato o el impacto cultural o socioeconómico –soy aragonés y Aragón en su día fue también un reino independiente- de mi “país”, o sobre la importancia que tiene el “idioma caspolino”, -dícese del “idioma” de Caspe- y que además es el que se habla en mi casa y que por ejemplo tiene la palabra “zarrio” que nunca ha sido lo suficientemente ponderada, bajo el peso imperialista del español. Me imagino que el poner esta palabra en el lugar que le corresponde, me reportará algún benéfico.

 También voy a abrir “embajadas” en otros barrios y conforme reciba más dinero publico –ese que según una ministra del ¿PSOE? ¿Partido a secas? no es de nadie- en otros países, para representar mis intereses y decir que no estoy viviendo en un estado democrático, respetuoso con mi “singularidad histórica” puesto que no me dejan hacer mi “santa voluntad” –y cuando hablo de intereses hablo de los míos personales- nunca mejor dicho.

 ¿Y el dinero? No es importante. Ya lo aportaran –mediante transferencias- mis convecinos y vecinos.

Y para terminar me gustaría hacer una pequeña reflexión: Me encantaría que esa profusión de banderas nacionales, de orgullo de sentirse español continuarán prevaleciendo en el ánimo de todos, después del mundial respecto a aquellos temas –paro, corrupción, terrorismo, hipotecas, etc.- que nos ocupan y preocupan a todos, problemas -que desgraciadamente- van a continuar ahí cuando Sudáfrica solamente un país en el mapa y que esta necesidad nos aportará la ilusión de apostar por un cambio necesario.

Y digo un cambio porque está claro que este Zapatero descafeinado y sin dirección y este Rajoy “a lo suyo” no van a solucionar los problemas de la ciudadanía. Y asimismo desearía que este pensamiento marcara nuestra próxima –como ciudadanos que somos- apuesta electoral.

Es curioso que un partido sin “hipotecas” –ni políticas, ni económicas- sin ningún apoyo mediático se haya convertido en el estandarte de los problemas reales –del día a día- de los ciudadanos, del sentido común aplicado a la política y de un trabajo realizado por y para los ciudadanos, independientemente de donde o en qué Comunidad Autónoma vivan. Evidentemente hablo de UPyD. La explicación es muy clara: ¿Será porque cuantos militamos en este proyecto vivimos la política, pero ninguno vivimos de ella?.

Acércate a este proyecto porque este País necesita más savia fresca, más ilusión y más trabajo.
Te necesita a ti.

MANIFIESTO EN DEFENSA DEL ORDEN CONSTITUCIONAL (Leído por Rosa Díez frente al Tribunal Constitucional. Madrid. 10/07/2010)

La principal diferencia entre la democracia y cualquier otro sistema político es que la primera se funda en un orden constitucional que garantiza a los ciudadanos sus libertades básicas y su igualdad ante las leyes. La Constitución es la clave de bóveda del edificio legislativo que desarrolla y ordena derechos y obligaciones que deben ser iguales para todos. Por eso atacar la Constitución vaciándola de contenido y debilitando su carácter de ley de leyes, es atacar la libertad, la igualdad y la propia democracia.

En estos últimos años los ciudadanos españoles estamos padeciendo una erosión constante de nuestro orden constitucional, y por tanto de nuestras libertades y de nuestra igualdad ante la ley. Nada hay más frágil que la democracia, cuyo mantenimiento y mejora exige de todos una vigilancia constante y comprometida. Resulta intolerable que los propios gobernantes elegidos para defender el orden constitucional sean quienes más empeño ponen en convertirlo en un caos sin sentido.

Hoy nos hemos reunido aquí, ante la sede del Tribunal Constitucional, para expresar nuestra protesta contra la manipulación de las instituciones encargadas de velar por el mantenimiento del orden constitucional, o lo que es lo mismo, de velar por los derechos y obligaciones iguales para todos, y por nuestra libertad personal. Nos hemos reunido aquí, ante la sede del más Alto Tribunal, para proclamar que sin justicia constitucional, no hay democracia.

La unidad de la Nación española que proclama nuestra Constitución no es otra cosa que la igualdad jurídica de todos nosotros tomados de uno en uno, como sujetos libres y miembros conscientes de la misma democracia. Y esta es, ciertamente, la unidad que pone en peligro la negación del orden constitucional a través de leyes y de acciones de gobierno que no nos consideran ciudadanos de la misma Nación sino que, imponiendo obligaciones y deberes diferentes, convirtiendo privilegios en falsos derechos y arbitrariedades en falsas obligaciones, nos dividen en rebaños enfrentados donde lo que importa no es la libertad y la igualdad entre ciudadanos personalmente diferentes, sino la identificación cerril con un pensamiento obligatorio y uniforme que llaman, sin serlo, “identidad cultural”.

Con la excusa de contentar a nacionalistas descontentos por definición, de potenciar disparatados derechos de lenguas y territorios a base de restarlos a las personas, de reparar viejas heridas sentimentales y resucitados agravios históricos, de imponernos por nuestro presunto bien leyes sectarias que casi nadie reclama, los partidos que gobiernan España y numerosas comunidades autónomas protagonizan constantes ataques contra la Constitución. Sus esfuerzos por controlar y manipular la justicia, la hacienda, los medios de comunicación y todas las demás instituciones públicas para ponerlas al servicio de sus intereses particulares, su contumacia en tomar decisiones claramente inconstitucionales, nos han conducido a una gravísima crisis política.

Naturalmente, la Constitución puede cambiarse para mejorar la democracia. Nosotros proponemos una reforma constitucional que mejore nuestro orden político a la luz de las experiencias de todos estos años. No somos partidarios de la inmovilidad o la fosilización de nuestra Constitución, sino de adecuarla a los retos del siglo XXI. Pero cualquier reforma que se proponga debe ser fiel y leal al orden constitucional, seguir los procedimientos establecidos por la propia Constitución para su reforma. Y lo que rechazamos es la práctica viciosa de cambiar la Constitución por la puerta de atrás, mediante reformas de Estatutos de Autonomía o por medio de leyes y decretos que chocan con su letra y su sentido. Como ciudadanos españoles, libres e iguales, exigimos ser consultados por quienes quieren cambiar la Constitución por la vía de los hechos consumados, burlando el “derecho a decidir” básico de la democracia, el de participar en la toma de decisiones sobre lo que nos afecta a todos y no sólo a una parte de nuestro país.

Cuando el orden constitucional está en peligro, también lo está la libertad de todos y cada uno de nosotros. Es el momento de que los ciudadanos conscientes digamos de nuevo basta ya, como muchos miles dijeron no hace tanto frente al terrorismo y al nacionalismo obligatorio en el País Vasco. Es el momento de exigir el cese de todo ataque contra la Constitución, y el fin del desacato de los gobiernos a las leyes y sentencias que no les gustan.

Como ciudadanos que cumplimos las leyes y acatamos las sentencias de los tribunales de justicia, incluso las que no compartimos, exigimos a los gobernantes, comenzando por el Gobierno de la Nación, que también ellos respeten la legalidad y cumplan y hagan cumplir las sentencias de los tribunales, incluyendo la de este Tribunal Constitucional relativa al Estatuto de Cataluña. Porque un país donde los gobernantes se reservan cumplir o no la legalidad a su conveniencia no es un Estado de derecho, sino el reino de la arbitrariedad. Porque sin justicia constitucional, no hay democracia.

No denunciamos ataques abstractos. Mientras hoy nos concentramos ante el Tribunal Constitucional para defender la Constitución y protestar contra quienes la quieren vaciar de contenido, en Barcelona se celebra una manifestación contra la Constitución convocada expresamente por el presidente de la Generalitat; una convocatoria basada en las falacias de que la voluntad del pueblo y la nacionalidad sentimental están por encima del Estado de derecho y de la nación constitucional.

Con independencia de la opinión que cada cual tenga de los conflictos políticos y jurídicos creados por la irresponsable gestación de un Estatuto de Autonomía claramente inconstitucional --conflictos artificiales de los que el Presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, es el máximo responsable--, la manifestación de Barcelona representa un ataque a la Constitución, y es un acto de desacato al orden constitucional que adquiere su máxima gravedad al estar liderado por el Gobierno y las instituciones de Cataluña.

Es una manifestación contra la separación de poderes y la autonomía de la justicia, contra la igualdad de los ciudadanos y contra el imperio de las leyes mientras sigan vigentes. En definitiva, es una manifestación contra la democracia.

Nosotros exigimos a la Generalitat de Cataluña que cumpla con su obligación democrática de acatar la sentencia del Tribunal Constitucional; y exigimos al Gobierno de la Nación que haga cumplir la sentencia y promueva la derogación de todas las leyes que se han aprobado en desarrollo de artículos declarados inconstitucionales por el fallo del TC. Exigimos que cualquier solución a las deficiencias de la actual estructura territorial del Estado se discutan con transparencia en el Parlamento Nacional, con argumentos y propuestas políticas, impidiendo que el futuro de España, nuestro futuro, sea objeto de oscuros trapicheos celebrados a nuestras espaldas.

El objetivo de la política democrática no es hacer que unos se sientan más cómodos que otros a base de imponernos a todos sus sentimientos, haciéndolos obligatorios; el objetivo de la democracia no es restañar heridas imaginarias ni ganar retroactivamente guerras del pasado. El objetivo de la Constitución no es dar satisfacción a mitos y emociones que, por muy comprensibles y humanas que sean, van contra los principios de solidaridad, libertad e igualdad sin los cuales no hay democracia ni ciudadanía, sólo tribus enfrentadas y encadenadas a emociones primarias.

 La política democrática debe perseguir el perfeccionamiento incesante de las instituciones, trabajar por un gobierno más eficaz y transparente, por un parlamento más representativo y reflexivo, por una justicia más autónoma y justa. La democracia es la consecución de más libertad personal y de más igualdad entre los ciudadanos con independencia de cuál sea su riqueza, su lugar de nacimiento o residencia, su profesión, su lengua materna, su sexualidad, sus creencias y sentimientos de identidad o pertenencia. Libertad e igualdad son los valores supremos que debe preservar y cultivar el orden constitucional de la democracia, y estos son precisamente los valores que están poniendo en grave peligro los ataques contra el orden constitucional de la España democrática que hoy hemos venido a defender.

Ciudadanos, nuestra libertad está amenazada por quienes creen que pueden dividirnos para acabar con la igualdad y la solidaridad entre nosotros, levantando fronteras artificiosas en nombre de mitos y prejuicios que encubren turbios intereses e impiden la regeneración de la política democrática.

Ciudadanos, ¡Basta ya de ataques a la democracia! Ciudadanos, ¡Viva la Constitución!

lunes, 7 de septiembre de 2009

A vueltas con el Estatuto de Cataluña

Como ciudadano que vivo en un Estado de Derecho, entendiéndolo como un Estado basado en la Ley, me siento inquieto –profundamente añadiría- por lo que estoy leyendo últimamente en la prensa, y señalo esto porque como cualquier ciudadano, las únicas fuentes de información que tengo son las que dimanan de la prensa. Una fuentes que traro de contrastar, porque ya sabemos que la prensa será el cuarto poder, pero desde luego no es todo lo independiente que debería ser, y tanto las noticias, como su forma de redactarlas, tienen su “color especial”, como Sevilla.

Mi inquietud surge de lo que a mi juicio es un intento de presión, que emana tanto de los partidos políticos catalanes, como de la propia Generalidad de Cataluña, con respecto a la posible sentencia del Tribunal Constitucional, que determine –o pueda determinar- la constitucionalidad (o no) de parte del articulado del tan traído y manido Estatuto de Cataluña.

Todo nace de la aprobación por parte del 90% de los diputados del Parlamento Catalán, del proyecto del Estatuto -El único que no lo aprobó fue el PP- y que según el resto de los partidos catalanes reclamaba la mayoría de la sociedad catalana. Y según ellos este “sentir” es el que legitima la no interferencia del Tribunal Constitucional, dado que el pueblo catalán “ha hablado". Y se sabe “Cataluña locuta, causa finita”, ¿o era Roma?. Es que mi latín...

¿En qué fundamentan la inviolabilidad del Estatuto? Fundamentalmente en los resultados obtenidos en el plebiscito, en qué el 73% de los votos (1.881.765 votantes) dijeron si.

Lo que no dicen es que el 50,59% de los ciudadanos catalanes (2.630.162 votos) se abstuvo de presentarse en la consulta electoral, y que el 5,34% (135.998 ciudadanos catalanes) acudieron a las urnas, pero votó en blanco. En total a un 55,93 % de la población de Cataluña, ni tan siquiera le intereso el plebiscito, esto sin contar los 528.472 ciudadanos (el 20.76%) que dijeron no. Debo confesar que soy rabiosamente de letras, pero claro al escuchar términos como que la “mayoría de la población de Cataluña, que en un 73% se declaró a favor del Estatuto”, pues no me cuadran demasiado las cuentas. Esta claro que las cifras, sirven absolutamente para justificar casi todo.

Este “argumento" de la “inmensa mayoría” es esgrimido, por ejemplo por el Sr. Artur Mas en una entrevista aparecida en el diario El Mundo este domingo pasado, en unas declaraciones que puntualizan cual es la situación actual desde el punto de vista catalán: "No aceptaremos que el Tribunal Constitucional toque una coma de un 'Estatut' que ha sido aprobado en referéndum por los catalanes". "Si la sentencia es negativa, habrá reacción popular en la calle". "Si el Tribunal Constitucional fuera independiente debería inhibirse. Cataluña es una nación, no es una más del café para todos"(http://www.elmundo.es/elmundo/2009/09/05/espana/1252174543.html)

Por su parte, el secretario general de ERC, Joan Ridao, deslegitimiza la posible sentencia negativa hacia el Estatuto desde otro ámbito, asegurando “…que el actual Tribunal Constitucional (TC) debería estar "inhabilitado" para decidir sobre el Estatuto catalán porque una parte de sus miembros tienen prorrogado su mandato”.

Y por si fuera poco el Ayuntamiento de Arenys de Munt se permite el lujo convocar un referéndum sobre la independencia de Cataluña, con la siguiente pregunta: "¿Está usted de acuerdo con que Cataluña se convierta en un Estado de Derecho independiente, democrático y social integrado en la Unión Europea?"

Afortunadamente, el sentido común, en forma de decisión judicial, ha suspendido el acuerdo del pleno del Ayuntamiento que apoyaba la propuesta de la consulta. Pero siguiendo la línea que parece ser que es la única que se está imponiendo con respecto a este tema –que es “lo que digan o puedan decir los jueces solo afecta al resto de los mortales”, el alcalde de la localidad, Carles Mora, ha asegurado que la consulta se hará a pesar de la decisión judicial. ¡¡Viva el imperio de la Ley!!

El problema es que me temo que en caso de que la sentencia del Tribunal Constitucional no se avenga a los deseos del Tripartito, este País no cuenta con el líder idóneo para hacer frente. Está demasiado ocupado en organizar la “Alianza de las Civilizaciones” y en encontrar la solución “mágica” a la crisis económica, que nos atenaza a todos en mayor o menor medida. Por cierto, me gustaría que alguien me explicase de donde va a salir todo el dinero necesario para los sucesivos planes –que han demostrado ser pan para hoy y hambre para mañana- porque me temo que las arcas del Estado están un poco “tocadas”.

Hecha esta pequeña disgresión, ¿Qué piensan en el PSOE respecto de la sentencia del TC?. Bueno algunas declaraciones hechas por sus ministros, son significativas:

Francisco Caamaño (El ministro de Justicia) defiende la presunción de constitucionalidad que goza el Estatuto catalán, tras obtener "el voto mayoritario de los representantes del pueblo español". (http://www.elmundo.es/elmundo/2009/09/05/espana/1252171064.html).

Alfredo Perez Rubalcaba (Ministro del Interior, sobre el Estatut) "España no puede negar la decisión de un Parlamento democrático" (http://www.lavanguardia.es/politica/noticias/20090902/53776810105/rubalcaba-sobre-el-estatut-espana-no-puede-negar-la-decision-de-un-parlamento-democratico.html)

Las declaraciones de uno y otro, cuando menos me sorprenden: Según ellos, los Parlamentarios están por “mas allá del bien y del mal” –gracias Nietzsche- dado que de ellos emanan no solo las leyes, sino también la capacidad para ejecutarlas, esto es desaparece el poder judicial La teoría política clásica que contempla la separación de poderes -ya se sabe esa que dice que existe un poder legislativo, uno ejecutivo y otro judicial- desaparece, por obra y gracia del Sr. Rubalcaba.

No obstante -al final- tampoco tendrá demasiada importancia la sentencia del Tribunal Constitucional. La Generalidad está aprobando, a marchas forzadas aquellas leyes que "cuelgan" del Estatuto, bajo el amparo (admitido por varios constitucionalistas) de que el Estatuto es una ley orgánica en vigor.

Estas comprenden la Ley de la Presidencia de la Generalitat, la del Consejo de Garantías Estatutarias, la Ley de Educación; la de la Vivienda; la de Servicios Sociales o la del Memorial Democrático, quedando únicamente pendientes las del Síndic de Greuges (defensor del pueblo catalán), o la de la Ley Electoral: circunscripciones comarcales (veguerías) y no provinciales.

En definitiva, la Generalidad actúa como si el Estatuto no estuviera amenazado, y parece que se ha puesto la venda antes de recibir una posible pedrada..

La solución... cuando el Tribunal Constitucional quiera... o no, y mientras tanto, sintiendo el aliento de la crisie en la nuca, cada uno haciendo la "guerra por su cuenta"... y riesgo, añadiría yo.

sábado, 14 de febrero de 2009

Pseupolíticas lingüísticas

Hoy he leído un artículo escrito por Alex Baiget, el día 19/11/2008 y publicado en El Confidencial, acerca de la política lingüística en la TVC (Televisión de Cataluña).

En el articulo se especifica que la carta de Principios de Actuación en los Medios de Comunicación de la CCMA, deja muy clara cuales son las normas lingüísticas a utilizar, y como muestra vayan por delante algunas “perlas”; “…todos los trabajadores fijos de la corporación utilizarán siempre la lengua catalana y que el uso de otras lenguas se hará si no hay más remedio y de forma extraordinaria”, “…se tiene que dar prioridad a los invitados, especialistas o testimonios que hablen en catalán…” Y según el articulista estas normas se cumplen a rajatabla, excepto –como no podía ser menos, ya se sabe que la pela es la pela- en el caso de los anuncios, en los que en el 12% se hablaba en español (en el total de los 16.497 emitidos en el año 2008) así como en el 8% de los 1.850 anuncios que se emitieron en franja de máxima audiencia.

Es curiosa la obcecación y provincianismo de unos señores, que pudiendo potenciar dos idiomas en todos los ámbitos de la vida, se empeñan en hablar uno de ellos y perseguir al otro, ¿buscando quizá su erradicación?. Por mal que les pese a determinados catalanes, el español es hablado por 332.610.000 de personas, siendo, por número de hablantes, la tercera lengua del mundo. Y como digo, en lugar de potenciar la posibilidad de una lengua que se habla por diversos lugares del Mundo y que va permitir algo tan básico como comunicarse, se empeñan en perseguirlo, prohibirlo, y ponerle todas las trabas posibles.

Tal y como esta recogido en la Constitución, en concreto en el Artículo 3 dice:

1. El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla.

2. Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas
Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatutos.

3. La riqueza de las distintas modalidades lingüísticas de España es un patrimonio cultural que será objeto de especial respeto y protección.

El transcribir el contenido de dicho artículo es porque me temo que exista cierto desconocimiento de él por parte de algunos políticos “nacionalistas”. En cualquier caso, no veo que tiene que ver el ser “objeto de especial respeto y protección” con lo que está sucediendo en varias ¿comunidades históricas? como Galicia, el País Vasco o Cataluña.

Me llama poderosamente la atención, que si quisiera presentarme a una oposición en Cataluña, uno de los requisitos es hablar catalán. En cambio, un catalán que quiera opositar a la Administración Central, o de cualquier comunidad autónoma –excepto en el caso de Galicia y el País Vasco, por supuesto- no debe saber castellano. A la dificultad de la oposición se suma la de la barrera idiomática.

Resulta curioso como el respeto por la lengua, las tradiciones, la cultura de todos y cada uno de nosotros, que permite enriquecer el acervo cultural de un país, se usa políticamente, convirtiéndose, al final en otro motivo de desunión. En cualquier caso el problema del provincianismo es que al final se convierte en una asociación endogámica de personas circunscritas a su pequeño mundo. Porqué me pregunto ¿Dónde se habla el catalán fuera de Cataluña? Con esa política lo único que se consigue es su propio aislamiento, aunque siempre se puede echar la culpa del mismo a los demás, a Felipe V, a la dictadura franquista, a la Administración Central…

Me recuerda a algo que sucedió en un viaje que realice a Egipto. Una noche, en el barco, se hizo una fiesta en la que hubo algunos juegos y el egipcio actuaba como animador preguntaba a los asistentes de que país eran: básicamente todos decíamos lo mismo: de Gran Bretaña, de España… excepto uno de los pasajeros que dijo “soy de Cataluña” El egipcio se le quedó mirando estupefacto, y en un perfecto español le pregunto –no sin cierta sorna- ¿Cataluña? No se donde esta eso… El catalán se sonrojo, e insistió “…soy de Cataluña, catalán…” hasta que al final, ante el desconocimiento del egipcio, y cierta rechifla general de los españoles que allí nos encontrábamos, finalmente dijo... “Cataluña, que está en España

Lo idóneo sería que todas las lenguas de este País; el gallego, el catalán, el euskera y el castellano se pudieran utilizar en igualdad de condiciones tanto en la vida diaria como en la pública, sin que ninguna de ellas sea perseguida o menospreciada, y mucho menos cuando ese menosprecio parte de instituciones publicas.